15 abril 2015

La responsabilidad que pesa sobre todos nosotros, está en saber afrontar el futuro…

El hombre es una dignidad en continuo forcejeo y una vocación indeclinable hacia formas superiores de vida. De su ignorancia o de su sojuzgamiento depende precisamente del éxito de nuestro trabajo. Aquellos que buscan y toman por fin a la economía, se equivocan. Nosotros utilizamos a la economía solo como un medio y la aceptamos siempre y cuando ella sirva para ser felices y dignos a los hombres. Esa es nuestra meta, tener una Nación totalmente rica. Nosotros, por eso, hemos estructurado una teoría económica que lleva únicamente a la satisfacción de las necesidades, haciendo desaparecer el problema social de la argentina. Esto es el justicialismo en la economía.

Los gobernantes deben saber que los pueblos no están formados por héroes, sino por hombres trabajadores que hacen cada día más grande a su país, a lo sumo de entre muchos puede salir algún héroe. Por eso hay que hacer de la patria una buena madre que se ocupe de sus hijos, mostrándole el camino por donde deben transitar, el camino del trabajo, del esfuerzo, la voluntad, dedicación y el respeto, el respeto a Dios, a las instituciones y al prójimo. Son solo estos valores los que garantizarán que nuestra Nación sea totalmente rica y lograr tener un pueblo feliz. Nosotros sabemos lo que hemos logrado, de eso no hay duda, pero si lograremos mucho más, para que sus vidas sean más alegres y llevaderas.

Es mejor y más conveniente para el estado, como para la de la iglesia, volver a estos valores y a las costumbres sencillas, al predominio de la paz, del amor y de la confianza reciproca entre los hombres y las naciones. El estado ha de luchar constantemente para que estos valores se conviertan en un hábito en la vida de los argentinos, porque en definitiva tanto los hombres como en la política los idearios son múltiples y contradictorios. Nosotros solo queremos ser el pueblo más feliz de la tierra, ya que la naturaleza se ha mostrado tan prodiga con nosotros.

En muchas ocasiones me he detenido a pensar cómo podríamos abrir un mayor horizonte de luminosidad, de optimismo y de acción de esta tierra. Indefectiblemente me he contestado  que ello se logrará cuando cada uno de sus habitantes sienta el amor por esta tierra y tenga la obligación de morir por ella. Pero esa obligación de morir por la tierra ha de conquistarla la tierra misma. Los hombres no se obligan sino por una razón de dependencia espiritual y de dependencia moral.

La senda más cierta y segura para alcanzar el mejoramiento espiritual y material de los pueblos ya está trazada. Es cuestión de virtud y de visión. Compañeros el futuro no se adivina, se construye. Por un futuro Mejor Diario Peronista 2015.
Guillermo Ravagni & Carlos Ravagni