28 agosto 2014

Como distinguir una economía peronista, por Juan Perón.

Un economía peronista es una economía de abundancia. Dentro de la economía de abundancia, la economía popular es excelente y la economía privada está en franco progreso. El Pueblo tiene un alto poder adquisitivo que se traduce en un gran consumo defendido por el control de precios. Este fue el primer objetivo de nuestra economía, un excelente control de los precios y evitar a toda costa futuras inflaciones. De esta forma desde el punto de vista macroeconómico logramos mantener en él país una economía popular en abundancia.

Cuando un país posee una inflación es probable que con el transcurso de los años se transforme en desenfrenada, esto implica un arruinamiento de la economía popular, como consecuencia se reduce el consumo a límites inconcebibles. Esto va más allá si hay aumento o no de los salarios que equipare un poco los índices inflacionarios porque todos sabemos que en un edificio los salarios suben por las escaleras mientras que la inflación lo hace por el ascensor.

Cuando arruinan la economía popular, comienzan a arruinarse también todos los que viven de esa economía (que somos todos). Esto significa que la economía estatal comienza a ser ruinosa: empieza acumulado déficit, el presupuesto se incrementa constantemente y las divisas empiezan a fugarse. La deuda interna que antes era consolidada en títulos del Estado, pasa a convertirse en un pasivo inamortizable de tantos miles de millones que hasta resulta difícil de calcular, la mayor parte flotante.

Como para obtener liquidez emiten moneda sin medida. La moneda nacional, respecto al dólar, comienza a devaluarse paulatinamente y en el mercado negro en ocasiones llega a cotizarse a un porcentaje mucho mayor que del mercado oficial. Cuando esto sucede, la moneda argentina comienza depreciarse es decir pierde la confianza en el mercado interno, y los argentinos buscan en la moneda extranjera un refugio para sus ahorros de tantos años.

Podríamos hablar días enteros sobre este tema pero, “para muestra basta un botón”. Hoy muchos argentinos se preguntan: ¿qué hay que hacer? La respuesta es muy simple: corregir de alguna manera tamaños desatinos y volver nuevamente a empezar, imponiendo nuevas estructuras financieras y económicas, a fin de evitar que este proceso de descapitalización se siga pronunciando, levantar la economía popular y crear confianza mediante un procedimiento serio y efectivo que vuelva a organizar y defender a la economía argentina. Esto brindara nuevamente a los argentinos seguridad y confianza a nivel nacional e internacional, recuerden también que debemos repatriar todos esas divisas que salieron del país a falta de confianza.

Para detener la anarquía social que han provocado, se necesita también volver a la confianza perdida, porque si en el orden económico la confianza es indispensable, no lo es menos en el orden social. El porcentaje de desocupados y el déficit habitacional de viviendas son sólo dos de sus más inmediatas consecuencias.
Las fuerzas del trabajo organizadas son conscientes de cuanto hay que hacer, sólo que no lo harán hasta tanto la situación institucional y política del país no se regularice. Para que ello se produzca será antes que nada necesario una pacificación, un acuerdo con todos los sectores, la regularización de nuestro partido que no es tarea fácil de alcanzar en tanto medie la permanente provocación y soberbia de algunos sectores.

Sin embargo, no creo que el problema argentino sea siquiera difícil de solucionar si se encaran las cosas con la grandeza que la cuestión impone. Este no es problema de fuerza o de quien es el sector político que tiene más poder como algunos piensan, sino de razón y habilidad.

¿Hay en el país quienes puedan solucionar los problemas que en síntesis brevísima hemos mencionado? Si hay, ¿por qué no los arreglan? Y si no hay, ¿por qué no dejan a los que pueden hacerlo? Funcionan más de veinte comisiones de estudio y organismos técnicos compuestos por sociólogos, economistas, industriales, dirigentes obreros, etc.

La idea es teóricamente buena pero falla por la base, desde que el problema argentino más fundamental no es ni sociológico, ni económico, ni industrial, ni social, sino POLITICO y a todos esos organismos les está faltando la cabeza. En esta clase de actividades la verdadera obra de arte no está en la concepción sino en la ejecución.

Para ello se necesita más que nada experiencia, que es la parte más efectiva de la sabiduría, en otras palabras un líder con experiencia, hay un refrán chino que dice que las personas de edad son sinónimo de experiencia y sabiduría. En estos casos es efectivo, porque permite penetrar profundamente los problemas para llegar a la "última síntesis", descartando la multitud de pequeños problemas que suelen ser al fracaso lo que las causas son a las consecuencias.

Hay que estar en claro en las grandes cosas y dirigirse directa y decididamente a ellas para resolverlas. De otra manera, a menudo, el árbol no nos dejará ver el bosque. Hay que tener en cuenta que el estadista tiene que realizar un "gobierno administrativo" y un "gobierno humano" que deben marchar coordinadamente de acuerdo, porque el primero sin el segundo no se puede realizar. El gobierno administrativo es simple y se realiza fácilmente con buenos equipos y una dirección experimentada, pero el gobierno humano es más que nada de conducción.

El arte de gobernar, como todas las artes, tiene una teoría y utiliza una técnica, pero ambas cosas sólo conforman la parte inerte del arte; la parte vital requiere un artista. Muchos, con una gran técnica y un conocimiento profundo de la teoría, han pintado y han esculpido, pero nadie sino Leonardo ha sido capaz de crear una "Cena" y ninguno, sino Miguel Ángel, ha logrado una "Piedad".
La tecnocracia sirve en los sectores de su conocimiento, según sea la calidad de los tecnócratas que la forman, pero no hacen gobierno porque carecen del humanismo indispensable para gobernar lo fundamental: el hombre. Por eso, en este sentido, las comisiones de técnicos no llegan nunca a nada. Napoleón decía que conducir es un arte sencillo y todo de ejecución. Hay que persuadirse de una vez por todas que para gobernar se necesitan hombres de gobierno con la sensibilidad y la imaginación indispensables para conducir a los pueblos.

Muchos, con una gran técnica y un conocimiento profundo de la teoría, han pintado y han esculpido, pero nadie sino Leonardo ha sido capaz de crear una "Cena" y ninguno, sino Miguel Ángel, ha logrado una "Piedad". El futuro no se adivina, el futuro se construye. Por un futuro mejor.

Diario Peronista