20 agosto 2014

Consejos de un peronista, Juan D. Perón

Nosotros ni entramos en componendas políticas a espaldas del Pueblo, ni apoyamos a los traidores aunque ahora se vistan con pieles de cordero. Todos luchan por el poder pero ninguno para resolver los problemas del Pueblo, ni cumplir sus objetivos, ni realizar su voluntad. Es que estos políticos trabajan para ellos y no para el Pueblo. Juan D. Perón

Algunos pretenden insidiosamente deformar una realidad. Menos mal que la realidad, es siempre la verdad. Podemos decir una mentira, pero no podemos hacer una mentira. Nunca fuimos soberbios con los débiles, pero jamás dejamos de ser altivos con los fuertes. En política la soberbia es mala consejera. Hay un refrán que dice, cuando no se tiene buena cabeza para prever, es menester tener buenas espaldas para aguantar.

Siempre es bueno prever los acontecimientos futuros porque cuando uno llega a conveniente y apropiada coordinación evitamos que nuestros nietos paguen caro las consecuencias de tal imprevisión. Para eso tenemos que tirar la soga todos al mismo tiempo y para el mismo lado, de lo contrario todos nuestros esfuerzos serán en vanos.

La reforma más despreciable que puede hacer un gobierno a su pueblo suele ser la ocultación maliciosa de la verdad. Pero, en el mundo en que vivimos, nada hay tan peligroso como decir la verdad y defender la justicia. En nuestro ambiente decir la verdad tiene un costo político muy alto. Sin embargo, nada hay tan honroso como hacerlo.

Los verdaderos peronistas, no los pieles de cordero, utilizamos como herramienta la verdad porque es el único camino que nos ennoblece y nos une con el pueblo. Como yo no nací en esta silla, y mi deber es trabajar junto a ustedes, tengo la obligación de decirles siempre la verdad. Porque la mentira, siembra odio, resentimiento dentro de la sociedad. Cuando un gobierno siembra odio, deseo de venganza, no se da cuenta que con ello no resuelve el problema, sino que lo agrava y declina el esfuerzo del trabajo de todos. Juan Perón

El quehacer político sólo puede adquirir vivencia cuando tiene como sustento la línea histórica y su principal benefactor es el trabajador. De lo contrario sus éxitos sólo pueden ser éxitos políticos. Y, por ser éxitos meramente políticos, su signo en el tiempo y en el espacio, es la fugacidad.

En política hay dos clases de hombres, los que nacen para servirse a sí mismos y los que, renunciando al egoísmo, se dedican a servir a los demás. El premio al esfuerzo de los primeros suelen ser los bienes materiales; para los segundos, la satisfacción de un deber, estos están dotados y tienen la vocación del bien público pero, nada hay tan peligroso como cuando uno de aquéllos llega a encaramarse en la función pública.

Mucho ojo con esta clase de hombres porque se dicen "demócratas" y se escarnecen todos los principios de la democracia. Se hacen llamar "honrados" y deshonran la función pública con sus robos inauditos al pueblo y a la Nación. Se dicen "Gobierno" y lo que hacen es anarquizar al país.

Lo que estos políticos, si se les puede llamar así, no saben es que el Pueblo sigue la táctica del agua, que se le puede detener circunstancialmente pero, que siempre pasa. Y cuando el Pueblo les demuestra en toda forma su desprecio terminan afirmando que "no les interesa ser queridos, sino ser justos".

"Los pueblos no tienen amigos ni enemigos permanentes, tienen intereses permanentes", según la feliz expresión de Disraeli. La unión de esos intereses es la única firme, que no cede a la acción destructora del tiempo ni se desvanece bajo las sombras del olvido.

El futuro no se adivina, el futuro se construye. Por un futuro mejor.
Diario Peronista