20 agosto 2014

Nuestras concepciones…

Nuestro deber ante la sociedad argentina es poder demostrarles que podemos dialogar y discrepar entre nosotros, pensar de diferente manera y estimar como válidas distintas soluciones, y llegar a una conclusión por encima de los desencuentros. No hay nada que no pueda alcanzarse en nuestro país con nuestras inmensas posibilidades y con este pueblo maravilloso al que con orgullo pertenecemos. Tenemos no sólo una doctrina y una fe sino la decisión y la convicción de que podemos brindarles a todos los argentinos un futuro mejor porque además también, tenemos la razón y los medios necesarios para hacer triunfar cualquier meta que nos propongamos.

El itinerario es inexorable y tenemos que prepararnos para recorrerlo. La mejor manera de encarar este futuro es seguir estructurando a nuestras organizaciones e instituciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles”; “el futuro será nuestro, Juan Perón. Pero primero debemos eliminar la improvisación, porque no sólo el país lo exige, sino que el mundo no admite otra alternativa. La integración social del hombre en la tierra será un proceso paralelo, para lo cual es necesaria una firme y efectiva unión de todos los trabajadores dada por el hecho de serlo y por lo que ellos representan en la vida de los pueblos.

Debemos seguir organizando a la comunidad y desarrollar en ella desde ya un profundo nacionalismo Cultural, un nacionalismo acendrado y cabal, que subraye que la argentina es nuestro hogar, que afirme en todos los planos su identidad nacional con una cultura de asociación como corresponde a la época, esta es la única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia, en las etapas que se avecinan. Siempre con la intención de que nuestra sociedad se encuentre en óptimas condiciones a fin de que puedan afrontar el futuro de la mejor manera posible.

Este es el inicio, una argentina unida y organizada sin distinciones partidarias; el camino es el del respeto mutuo y la lucha, ardorosa sí, pero por la idea de un futuro mejor.

En este camino cada uno tiene un rol y los trabajadores representan como siempre la columna vertebral del proceso. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual aspiran, está en sus manos el modelo de sociedad que quieren para sus hijos. Precisamos por parte de ellos una capacitación intensa y que la idea constituya la materia prima, pero que a su vez supere a todos los demás instrumentos de lucha. De la misma manera deben proceder los demás grupos políticos y sociales.

Los empresarios deben hacer todo lo que está a su alcance en cuanto a su participación en el diálogo y el compromiso. De aquí en más, el gobierno ha de definir políticas, actividad por actividad, y comprometer al empresariado en una tarea conjunta, para que su capacidad creativa se integre al máximo en el interés del país.

El papel de los intelectuales. El intelecto argentino tiene el deber como ciudadano y compatriota de esta tierra de ejercer su participación en el proceso. Hay que comenzar por recordar que el país necesita un modelo de referencia que contenga, por lo menos, los atributos de la sociedad a la cual se aspira, los medios de alcanzarlos, y una distribución social de responsabilidades para hacerlo.

El rol de la iglesia. Hay una cabal coincidencia entre la concepción de la Iglesia, nuestra visión del mundo y nuestro planteo de justicia social, por cuanto nos basamos en una misma ética, en una misma moral, e igual prédica por la paz y el amor entre los hombres.

Las fuerzas armadas poseen un rol importante en nuestro país que es la defensa del interés nacional y un compromiso con el desarrollo social integrado del país en su conjunto.

Por supuesto el rol de la mujer argentina. En cuanto a ellas, estamos profundamente satisfechos, como mandatarios y como hombres, de su evolución en nuestra sociedad. Nuestras mujeres mostraron desde entonces que pueden trabajar, elegir y luchar como los varones, y preservar al mismo tiempo, los atributos de femineidad, y de esposas y madres ejemplares con que impregnan de afecto nuestra vida.

Estas concepciones constituyen nuestro programa grande para el futuro. Ellas representan las bases para la elaboración de un futuro mejor con sentido nacional, social y cristiano.

Estoy totalmente persuadido y convencido, si todos los argentinos nos pusiéramos a pensar tan solo un instante sobre nuestro futuro como nación, estaríamos de acuerdo en punto, de que es hora de pensar en grande, es hora de pensar en nuestras futuras generaciones. Por eso coloco a disposición y a consideración de todos los argentinos, mi humilde trabajo, para que si de allí surgen propuestas que motiven coincidencias, la misión estará más que cumplida.

La planificación de nuestro futuro tendrá que lograrse convergiendo tres bases al mismo tiempo: lo que los intelectuales formulen, lo que el país quiera y lo que resulte posible realizar. Todo en su medida y armoniosamente.

El futuro no se adivina, el futuro se construye. Por un futuro mejor.
Diario Peronista