23 septiembre 2014

Como identificar a un antiperonista, por Juan D. Perón

Ustedes se imaginan que nuestros enemigos se dan cuenta de lo que estoy haciendo. A mis enemigos no les interesa la suerte de los trabajadores, no les interesa que sean hombres cultos y profesionales. Ellos si hablan del salario, lo hacen como los teros. Están indignados contra los salarios y contra la indisciplina que yo he creado, según ellos.

 Pero eso solamente no les interesa. Les interesa que el trabajador NO sea diputado, senador, gobernador, porque desde esas posiciones se maneja todo y eso es lo que ellos no quieren. Es lógico que sean enemigos enconados de nosotros si yo les produzco a ellos el mal que los puede hundir definitivamente.

De allí surgen nuestros principales enemigos, hombres que piensan, que nunca han tomado un arado o un martillo, que no tienen ejercitado el músculo, pero sí tienen muy ejercitado el cerebro, y mediante eso han conseguido gobernar, dominar y esclavizar a la clase trabajadora. El obrero es fuerte por sus músculos y su cerebro es débil, al revés de nuestros enemigos. Por eso hay que CAPACITARSE, para tener también el cerebro fuerte, para tener mayor capacidad de acción, adquirir sabiduría y experiencia y la capacidad de lucubrar, que es lo que se debe hacer. Eso también lo estamos haciendo.

Estamos elevando la cultura social en nuestro país. Es una labor lenta, que requerirá años. Sin embargo, nuestros obreros son tan formidables que cuando egresan de esos cursos de capacitación hay que ver cómo se expresan, cómo piensan, cómo reflexionan y van sacando sus propias conclusiones y elaborando sus ideas. Esa labor capacitará poco a poco, a la clase trabajadora para encarar otros problemas que no sean los de su propio trabajo y les permitirá dedicarse a otras actividades. Nuestra obligación es capacitar a esa gente joven y capaz. Todo esto lo estamos haciendo en la lucha.

Por eso digo que cómo no vamos a tener enemigos si a ellos les estamos quitando el timón de la mano definitivamente. En lo político pasa lo mismo.

Deseo consolidar nuestra causa en el menor tiempo posible y por eso mi afán de llevarla adelante con rapidez, ese mi único apuro. No ha de sobre valorarse mi gravitación personal en la solución de los problemas porque siempre los resuelvo con mis asesores y colaboradores. Tengo un solo amigo: mi obligación de trabajar para el bien de la Patria. Por esa causa sacrifico a todos y a mí mismo. Nuestra causa no es la causa de un hombre, sino de todo el pueblo. Yo solamente soy la dieciséis millonésima parte de ese pueblo.

Todos los trabajadores debemos proceder UNIDOS y cada uno, en su modesta esfera de acción, actuar para el bien de todos.

El camino es estrecho por eso día a día les he ido inculcando nuestra DOCTRINA, para que  la acción de todos pueda rendir en el futuro grandes resultados, porque marchamos todos con una misma orientación. Bienestar, progreso y futuro para todos los trabajadores.
El futuro no se adivina, se construye. Por un futuro mejor.
Diario Peronista.