07 septiembre 2014

Solo aquel que esté dispuesto a luchar por la gente que trabaja, puede llevar honradamente la insignia de dirigente peronista, Juan Perón.

El Movimiento Peronista no puede ser un elemento pasivo. No, puede y no debe aceptar el ataque y la persecución con fines destructivos de parte de ciertos sectores, porque va en contra de los intereses de la mayoría de los argentinos, que son gente trabajadora, que encontraron en el partido justicialista el calor de hogar. Ellos piensan, sienten y están convencidos que su dignidad y sus derechos están protegidos en nuestra casa, por lo menos así lo vemos los justicialistas.

Nuestra razón de ser ha sido siempre esa posición inconmovible al lado del trabajador. Nosotros no estamos en contra de nadie en particular, estamos simplemente con el Pueblo, con la gente que trabaja, esa es nuestra posición. Todo esto nos lleva a pensar, un movimiento organizado no puede apoyar jamás a un Gobierno que en todos sus actos demuestra que trata de destruirlo. Juan Perón

Durante diez años hemos demostrado desde mi Gobierno que todo se puede reformar si se tiene el tino de hacerlo racionalmente. La comprensión y la persuasión son medios más adecuados para la evolución constructiva de un país que está todo por hacerse. Sin embargo, no todos piensan igual. Esperamos que la sociedad comprenda que nosotros siempre estaremos de su lado, para brindarle, trabajo, bienestar y progreso.

No podemos negar que la descomposición general del país nos ha alcanzado también a nosotros, especialmente en el horizonte directivo. La existencia de algunos peronistas que se han dedicado a defender sus apetitos o intereses personales o a servir los de sus círculos o "trenzas", han provocado un cierto grado de disconformidad dentro de la sociedad y una disociación perjudicial a los fines de conjunto del Peronismo

Es indudable que tales defectos, especialmente imputables a los dirigentes, solo se podrán corregir mediante una verdadera revolución dentro del Peronismo. Esa revolución deberá estar en manos de la juventud. Al hablar de juventud, no hago cuestión de edades porque hay viejos de veinte como jóvenes de cincuenta, sino de pensamiento y calidad de adoctrinamiento. Estos dirigentes deberán ser una garantía segura tanto para la conducción (es decir, el encuadramiento que el Peronismo necesita para prolongarse en el tiempo) como para el trabajador.

El cambio generacional en el horizonte directivo ha de ser paulatino y progresivo e impuesto por las circunstancias porque, en política, no se regala nada. Cada joven con aspiraciones ha de ganarse el derecho de ser dirigente, pero también los dirigentes deberán ceder lugar para que estos jóvenes puedan demostrar su capacidad, porque nadie nace con experiencia. La aptitud y los valores del conductor han de mostrarse en la acción y es, precisamente, esa acción la que ha de calificarlo y encumbrarlo, si lo merece. Solo un pequeño porcentaje llega a hacerlo con honor o con capacidad efectiva.

Nuestro objetivo es formar una juventud libre de prejuicios y banderías, que fuera capaz de obrar con grandeza y desprendimiento es la que podrá defender con éxito cualquier responsabilidad. Además los muchachos deberán mostrar respeto por los viejos dirigentes, que han llegado al fin de su camino con honor y con capacidad, ellos les mostraran el verdadero valor y la prudencia que necesitan para triunfar.

No se trata pues de "tirar todos los días un viejo por la ventana" para ocupar su puesto, sino de entrar a colaborar humildemente para aprender y para evidenciar, probando, si se tiene la capacidad que se presupone.
Ninguno que no conozca perfectamente las directrices de nuestro pensamiento, como las prescripciones de nuestra doctrina, estará en condiciones de aspirar a la conducción o el encuadramiento de nuestra fuerza.

Sólo se puede ser dirigente si se tienen presente en todo momento los objetivos que se persiguen, “trabajo, bienestar, progreso y desarrollo” y se poseen los valores morales, cristianos, espirituales y la mística necesarios para luchar por los trabajadores, sin descanso y sin desfallecimientos. Recuerden que para el peronismo solo existe una clase de hombres los que trabajan.

Capacitado el dirigente, podrá pensar en la responsabilidad que también a nosotros concierne en la solución de los graves problemas creados por la insensatez de los que les han precedido.

El futuro se construye, no se adivina. Por un futuro mejor.
Diario Peronista