05 octubre 2014

Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón… Eva Perón

Un gobernante que llega al ejercicio del poder público con exacto conocimiento de todos los problemas del país y con el debido propósito de enfrentarlos y darle la solución adecuada, no puede subestimar la importancia que tiene la voz de su pueblo, porque ellos forman parte del motor de la gran nación argentina de la que todos aspiramos.

El General Perón fue fiel a su pueblo "a los trabajadores" y a las consignas que se había impuesto y las realizo que es lo más importante. “Por eso compañeros quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad. Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca.

Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias. Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo. Tengo que decirlas al pueblo de donde vine a los trabajadores, a las mujeres y a los humildes…, Eva Perón”.

Desde el primer momento vi a Perón demasiado solo, excesivamente confiado en el poder vencedor de sus ideales, creyendo en la primera palabra de todos los hombres como si fuese su propia palabra, limpia y generosa, sincera y honrada. Desde el primer momento yo vi su corazón sobre el pedestal de su corazón, el mástil de sus ideales sosteniendo cerca del cielo la bandera de su Patria y de su Pueblo.

Había decidido seguirlo a Perón, pero no me resignaba a seguirlo de lejos, sabiéndolo rodeado de enemigos y ambiciosos que se disfrazaban con palabras amistosas. Y de amigos que no sentían ni el calor de la sombra de sus ideales. Yo los conocí de cerca, uno por uno. Después, casi todos lo traicionaron a Perón, algunos en octubre de 1945, otros más tarde. Me di el gusto de insultarlos de frente, gritándoles en la cara la deslealtad y el deshonor con que procedían o combatiéndolos hasta probar la falsía de sus procedimientos y de sus intenciones. Lamentablemente de estos hay muchos y no es necesario mirar la historia, basta con solo ver el presente y nos daremos cuenta de los traidores que hay en nuestro partido.

Aquellas primeras grandes desilusiones me hicieron ver con claridad el camino, Perón no podía creer en nada ni en nadie que no fuese su pueblo, los trabajadores. Recuerden compañeros que los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo. A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de frente. Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. En este camino tuve una doble tarea que fue, pelear por los derechos de mi pueblo y la otra, cuidar las espaldas de Perón de sus traidores.

Yo soy fanática del General, daría mi vida por Perón y por el pueblo. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Estoy convencida que los venceremos a los enemigos de Perón, frente a frente, ellos y nosotros, siempre venceremos nosotros. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!"

Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su causa maravillosa. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia soñando desde el principio de su historia. El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó todo.

Hoy lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no olvidarnos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo. ¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino. ¡Basta eso para vencer! ¡Y si no que lo diga nuestro pueblo!. Eva Perón

El futuro no se adivina, se construye. Por un futuro mejor.
Diario Peronista
Carlos Ravagni & Guillermo Ravagni