15 marzo 2015

Hay que ponerse la casaca del pueblo, Juan Domingo Perón

Desde que decidí ponerme la camiseta del pueblo y mezclarme con esta masa sudorosa he trabajado a sol y sombra para que ustedes los trabajadores puedan ser cada día un poco más felices y puedan disfrutar  aun más la vida. Este sacrificio lo haría mil veces por ustedes siempre con el mismo objetivo, la de ver coronada la obra que es la ambición de mi vida, la expresión de mi anhelo de que todos los trabajadores sean un poquito más felices. Porque ustedes representan la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo, un pueblo que elabora su trabajo y hace cada día más grande a su país.

Yo no soy ni quiero ser político. Solamente tengo una responsabilidad que cumplir y trato de cumplirla de la mejor manera posible. En este camino todos somos participes y responsables del crecimiento de la nación. Lo que nosotros propiciamos y buscamos constantemente es el equilibrio dentro de la comunidad para que luego sirva de basé para la política económica y social del país. Con la convicción de que es el mejor camino para lograr, con el aporte de todos, sacar adelante esta nación, y poder construir la gran Argentina que todos aspiramos, una Argentina de Progreso, Desarrollo y Futuro.

Por eso dentro de nuestras acciones hay dos tareas que desarrollamos paralelamente desde el gobierno. La primera la concepción de los problemas y la segunda es la realización y ejecución inmediata de las soluciones, el pueblo no puede esperar. Pero para desarrollar ejecuciones inteligentes debemos de antemano desarrollar un plan de acción o plan quinquenal, que permitirá que las decisiones tomadas sean las más adecuadas e inteligentes y que las mismas no pequen de improvisación. Los países son como las propiedades familiares, que se transmiten de generación en generación. Quienes las reciben de sus mayores asumen el deber de entregárselas a sus hijos acrecentadas, perfeccionadas y mejoradas.

Cuando una generación no cumple con ese deber, quienes sufren las consecuencias de esa irresponsabilidad son sus propios hijos. Ellos tienen que reconstruir, muchas veces a base de sacrificios tremendos, la herencia que se malgastó por incapacidad o por incuria. Esta tragedia, que muchas veces hemos visto en las propiedades familiares, también la vemos en los países y de estas historias sí que hay muchos, sin ir más lejos en nuestro país. Dicen otros que los países son  como los hombres, tienen un período de crecimiento, otro de madurez y otro de senectud, y cuando envejecen, pierden todo, hasta la libertad.

Para eso estamos nosotros los justicialistas para no permitir que esto suceda, evitar que nuestro pueblo sufra las consecuencias de las malas decisiones. Debemos siempre estar atentos y no descuidar a nuestro pueblo. ¿Cómo sabremos cuando las cosas marchan mal? Es muy simple la historia nos muestra cuales son los trazos de esos extremos. Y esos dos trazos se encuentran en la historia con tanta claridad como una luz en la noche. Lo que caracteriza la época de oro de estos países que han experimentado la gloria es su ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL TRABAJO, en primer lugar, y como consecuencia, el CRECIMIENTO ARMÓNICO DE LA SOCIEDAD; y lo que caracteriza su decadencia es la DESORGANIZACIÓN DE SU PRODUCCIÓN Y DE LAS RELACIONES SOCIALES, y el crecimiento monstruoso o desproporcionado de una parte de LA SOCIEDAD. Siendo los principales perjudicados los trabajadores.

Ahora bien, entonces como evitamos o podemos evitar todo esto, muchachos sin plan y sin organización  y sin unidad, no hay poder, no hay futuro y nuestro país se va a la decadencia. No es porque lo diga yo, sino porque la historia y los hechos lo demuestran que no estoy equivocado.

Compañeros el futuro no se adivina, se construye. Por un futuro mejor Diario Peronista 2015
Guillermo Ravagni & Carlos Ravagni