08 abril 2015

El pensamiento humano, por Juan Perón

La derrota en una batalla no destruye ninguna nación. Cuando una nación tiene escasos recursos naturales y está dividida, no puede permanecer de pie por mucho tiempo porque esa debilidad estructural es la que provoca su caída. Si esa nación estuviera unida, bien organizada podría perder esa batalla pero ganar la guerra. Compañeros es el propio carácter lo que construye y lo que destruye ya sea a un individuo, organización o a un país.

De aquí surge la importancia de la política peronista de forjar un carácter. Ese carácter permitirá al hombre poder enfrentar los grandes desafíos de la vida con una base bien solida de valores morales, cristianos, humanos y espirituales. Alejandro fue el más grande general que tuvo la historia y él tuvo por maestro a Aristóteles. Desde que el destino me ha convertido en hombre público. Siempre he pensado entonces que mi oficio tenía algo que ver con la filosofía.

El movimiento nacional argentino, que llamamos justicialismo en su concepción integral, tiene una doctrina propia, que es nueva en el campo político mundial, hoy no tan nueva, pero que sus bases representan y enmarcan el camino por donde debemos transitar todos los argentinos para poder llegar a la Argentina del Trabajo, Progreso, Desarrollo y Futuro. No cabe duda de que, gran parte de lo que en el futuro se decida a ser, dependerá de los hechos que estamos presenciando. No puede existir a este respecto divorcio alguno entre el pensamiento y la acción, mientras la sociedad y el hombre se enfrentan con la crisis de valores más profunda que ha registrado la humanidad.

En los últimos tiempos se ha persuadido al hombre de la conveniencia de saltar sin gradaciones de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario; de la fe a la opinión, de la obediencia a la incondición. No es lícito dar tales problemas por juzgados para permitirnos después extraviar al hombre –que ignora las viejas verdades centrales– con nuevas verdades superficiales. Si la crisis medieval condujo al Renacimiento, la de hoy, con el hombre más libre y la conciencia más capaz, puede llevar a un renacer más esplendoroso para todos los argentinos.

El pensamiento humano, considerado como tesoro de conceptos, se mira a través del ritmo vertiginoso y febril de la vida actual, puede que aparezca como un campo desolado, escenario de patéticas batallas. Es posible también que muchas tradiciones caídas no sean adaptables al signo de la presente evolución y que otras hayan perdido incluso su objeto. El hombre puede desafiar cualquier contingencia, cualquier mudanza, favorable o adversa, si se halla armado de una verdad sólida para toda la vida. Pero si ésta no le ha sido descubierta al compás de los avances materiales, es de temer que no consiga establecer la debida relación entre su yo, medida de todas las cosas, y el mundo circundante, objeto de cambios fundamentales.
La filosofía recupera el claro sentido de sus orígenes. Como misión pedagógica halla su nobleza en la síntesis de la verdad, y su proyección consiste en un «iluminar», en un llevar al campo visible formas y objetos antes inadvertidos; y, sobre todo, relaciones. Relaciones directas del hombre con su principio, con sus fines, con sus semejantes y con sus realidades mediatas.

Por eso les digo, así como el Renacimiento prueba que el camino es un factor asequible al hombre en todo momento, también lo es el justicialismo, una serie de principios, valores y hechos, exclusivamente por los argentinos, para los argentinos, con la única finalidad de que el hombre pueda encontrar su destino en esta tierra bendita y en el mundo y poder ser cada día más feliz y mejor persona, no mejor que aquel o aquella persona, sino ser mejor persona de lo que eramos ayer.

El futuro no se adivina, se construye. Por un futuro mejor Diario Peronista 2015.
Guillermo Ravagni & Carlos Ravagni