06 noviembre 2015

Todo debe germinar, florecer y fructificar decía Perón.

Todo debe germinar, florecer y fructificar. Necesitamos un renacimiento total de nuestro modo de ser, para lo cual es necesario cambiar el modo de ver las cosas. Al mismo tiempo aprovechar todo lo bueno que constituye la nervadura del carácter de los argentinos. Debemos hacer un acto de fe en nosotros mismos y un acto de confianza en el futuro de la Argentina.

La actual encrucijada de la historia requiere un crédito de confianza mucho mayor que el que se precisaría en cualquier otro momento. A nosotros los peronistas nos angustia la incomprensión, la reticencia y la tibieza de quienes se niegan obstinadamente a leer lo que llevamos escrito en nuestro corazón. Nuestras palabras siempre han sido claras; nuestras intenciones de construir la Gran Argentina de la que todos aspiramos, esa Argentina de Trabajo, Progreso, Desarrollo y Futuro son compartidas por todos los sectores sociales.

En este camino nuestro pueblo no solo necesita de grandes talentos, sino de paradigmas morales. El mal de los pueblos no está, a menudo, en la falta de capacidad de sus gobernantes, sino más bien en la ausencia de ética de sus hombres y de ellos mismos. Esto es lo que los argentinos debemos apostar a revertir, si queremos encaminar a nuestra nación hacia sus grandes metas.

Nuestras miras son siempre hacia delante, con la intención de construir una nación con un corazón limpio y una mente despejada, apostando no solo al bienestar económico de todos los argentinos, por supuesto, todos tenemos el derecho de progresar en nuestras vidas, pero también no debemos descuidar los mas importante que tenemos que es nuestro lado espiritual, porque de nuestro punto de vista son los únicos bienes eternos que tenemos los seres humanos.

Para nosotros son estos bienes lo que hacen grandes a los pueblos y constituyen el único blasón que deben ostentar quienes cargan con la responsabilidad del gobierno sobre sus espaldas. No es la inteligencia del futuro gobernante, sino su corazón limpio, el que permite llevar y encaminar a todos hacia las grandes obras. Porque sólo en el reside el talismán que mueve y cautiva voluntades. La inteligencia únicamente establece los resortes para que las organizaciones se formen, consoliden y prosperen, pero el único motor capaz de mover las voluntades es el corazón porque en el reside la fuerza creadora e incontenible del amor. El amor nos lleva por el camino de la paz, de la prosperidad, pero nos lleva también por el camino del respeto, a Dios, al prójimo, a las instituciones y a nuestras leyes.

Es por eso que el camino que debemos recorrer debe ser así hoy mañana y siempre y no de otra manera. Los argentinos necesitamos por el bien de nuestras futuras generaciones renovar valores. Compañeros el 22 de noviembre no adivinemos el futuro, el futuro no se adivina se construye. Por un futuro mejor, Diario Peronista.

Por Carlos Ravagni  & Guillermo Ravagni